La Inmensidad de la Magnificat
"El corazón exulta y glorifica al Altísimo que se digna mirar la pequeñez."
Oh Soberano de los cielos y de la tierra, Rey de eterna majestad, que en tu compasiva mirada elevas a los humiles, recíbeme al canto de María, tu sierva fiel, que en su magnificencia proclamó con júbilo y gratitud las maravillas de tu creación. Con conmovedor fervor, mi alma proclama la grandeza de tus obras, el fluir de tu misericordia que no conoce fin y se despliega de generación en generación sobre los que en ti confían.
Suplico ante tu trono celestial que, al igual que María, la virtud de la humildad repose siempre en mi corazón, permitiéndome reconocer las grandezas que has derramado en mi vida. Con un espíritu agradecido, elijo participar del festín de tus bondades, alabando la gloria de tus caminos misteriosos que estas almas humiles han experimentado.
Ilumina, oh Eterno, cada rincón de nuestras vidas con la luz de tus designios, para que, como la Virgen bienaventurada, seamos testigos fervientes del amor que transfigura la pequeñez en riqueza inagotable. Que nuestras voces se unan al coro celestial, entonando sin cesar tu magnificencia a todos los confines de la creación.
Por todos los siglos de los siglos, Amén.
Lucas 1:46-49