La Magnífica

El Magnificat de la Gratitud

"Que las maravillas del Altísimo inunden de júbilo los corazones sencillos."

El Magnificat de la Gratitud

¡Oh, Soberano de los humildes corazones, quié en tu manto de infinitas estrellas te cubres, recíbeme bajo la sombra de tu poder amoroso! A ti elevo mi canto de gratitud, pues en tu designio has exaltado a quien se consideraba el último, mostrando al mundo que en tu reino no hay grandeza mayor que la sencillez sincera.

¡Oh, Bendito Arquitecto de las cosas pequeñas, en cuyas manos la arcilla imperfecta encuentra vida nueva! Hoy, en la verdad de tu gloria, miro, extasiado, las obras que has dispuesto en estos días que corren, donde lo invisible se torna visible bajo tu mirada paternales, y las entrañas del tiempo se iluminan con las chispas de tu amor eterno. En tu luminosa presencia, toda voz tímida encuentra audacia y celebra con júbilo inefable las misericordias que derramas sin medida.

¡Oh, Gracioso Señor de los semblantes humildes, que escuchas el susurro callado de aquellos que, sin vanagloria, te siguen! Enséñanos a proclamar, con el corazón henchido de deleite, las suaves verdades de tu plegaria revelada a tus servidores. Que por siempre tus promesas se cumplan en nuestras bocas, reflejando aquella luz que sobre la oscuridad resplandece inmortal, por los siglos de los siglos, Amén.

Lucas 1:46-55