Invocación a San Cipriano, Paladín del Bien
"En la luz de tu protección, hallamos la paz eterna."
¡Oh, San Cipriano, insigne defensor de los oprimidos y faro de luz en la penumbra del mal!, a ti clamamos con fervor en esta hora aciaga, pues en tu historia encontramos refugio y templanza. Señalado fuiste, no por suerte infausta, sino por propósito divino, como aquel que disipa las sombras y rompe los grilletes de la oscuridad. Con humildad nos postramos ante tu nombre, rogando que extiendas tus manos sobre nosotros y nos envuelvas en tu canal de gracia protectora.
Diamantino es tu escudo contra las asechanzas del adversario, San Cipriano bienaventurado; por ello imploramos que nos rodees con tu poder invencible, apartando de nuestros senderos los lazos insidiosos y las trampas invisibles de aquellos que buscan apagar nuestra luz interior. Ilumina nuestras mentes con tu sabiduría ancestral, instruyéndonos en el arte de discernir lo justo de lo pérfido; no permitas que sucumbamos a las cadenas de la ilusión ni al desánimo de la carne.
Intercede ante el Altísimo para que nuestra existencia sea enaltecida con tu presencia inquebrantable, concediéndonos el privilegio de caminar con seguridad sobre los desiertos de la duda y la desesperanza. Que tu mirada perpetua nos vigile, cual centinela incansable, y que en cada batalla espiritual sepamos refulgir con la confianza del justo. Por tu testimonio de conversión y santidad, encomendamos nuestras almas al eterno juez, confiando que bajo tu amparo hallamos la paz que sobrepasa todo entendimiento.
Por los siglos de los siglos, que así sea. Amén.
Salmos 91:11