San José, Dormido en la Custodia de Dios
"Que el sueño me enseñe la paz del alma."
Venerable san José, varón en vela silenciosa ante el Trono del Altísimo: en esta noche ven a mi corazón, y acompáñame con tu paz serena, como quien duerme y, aun así, custodia.
Te ruego, Padre del Verbo hecho carne, que recibas mis cargas: las cuitas que me desvelan, los recelos que me muerden el pensamiento, los temores que empañan la frente; deposítalos en las manos del Dios que tú conociste en la intimidad del hogar. Que mi mente, al declinar el día, aprenda a obedecer al amor y a descansar en la Providencia.
Concédeme, por tu sueño bendito, una mansedumbre nueva; apaga en mí el fuego de la inquietud y ordena mis sombras interiores con la luz de la gracia. Haz que mi respiración se vuelva oración, y que mi silencio, purificado, se transforme en abandono reverente, hasta que el corazón —sin resistencia— se deje conducir por la voluntad divina.
Bendito custodio de la noche, mantén lejos de mí el peso de lo incierto y endereza mis pensamientos hacia lo eterno: que ningún anuncio de angustia encuentre morada en mi casa interior. Si mañana llegare con tareas y pruebas, que hoy yo las entregue con humildad, como pan ofrecido; y que Tu intercesión me conceda un sueño hondamente reparador.
Por los siglos de los siglos, Amén.
Salmos 4:9