La Magnífica

El Magnificat del Humilde Corazón

"Que nuestras almas exalten al Señor, magnificando Sus prodigios eternos en la simplicidad de la historia."

El Magnificat del Humilde Corazón

Oh, Santísima y Benignísima Señora, María, esplendor de la creación y espejo límpido del divino júbilo, manifiesta en nosotros la luz de tu avasallador Magnificat. En este día señalado, nos postramos con humildad, agradecidos por las milagrosas obras que el Altísimo ha manifestado en su insondable misericordia. De tus labios, Virgen Santa, brotó aquel canto que, como un río eterno, inunda nuestras almas de júbilo inconmensurable; recibimos el consuelo de tus palabras que, tejido por la mano de Dios, nos recuerdan la alabanza de los humildes.

Señor de los cielos y de la tierra, Rey cuya magnanimidad se inclina a los humildes de corazón, recibe en este amanecer nuestras acciones de gracias. Enséñanos a vislumbrar tu mano poderosa que exalta a los de corazón contrito y eleva a los abatidos, pues tú has hecho grandes tus obras en los más pequeños y sencillos. Que podamos ver tus maravillas reflejadas en la historia de aquellos que, alejados del resplandor mundano, son testigos de la gloria divina en su sosegada inocencia.

Dios de bondad infinita, que te complaces en aquellos que, como la Bienaventurada Virgen, responden con un sí colmado de esperanza y fe, dirige nuestros corazones hacia ti, para que siempre estemos prontos a reconocer en la humildad la esencia de tus prodigios. Concédenos habitar el espíritu de gratitud que conforma el Magnificat, para así perpetuar tu alabanza con canciones puras de amor inquebrantable y sincera humildad.

Por los siglos de los siglos, Amén.

Lucas 1:46-55