Oh San José, Guardián del Silencio Nocturno
"En la quietud del reflejo divino, hallamos el sosiego del alma."
Oh San José, Sagrado Custodio del Susurro de la Eternidad, tú que en el manto del reposo te adentras a las ensoñaciones divinas, escucha nuestras plegarias en la hora del murmullo vespertino. Tocamos con humildad el borde de tus sueños para que la serenidad de lo eterno impregne nuestro ser inquieto, calmando las tormentas que se agitan en lo profundo de nuestras almas.
Bajo tu suave amparo, santo de los sueños celestiales, te suplicamos que transportes nuestras angustias hasta el seno del Altísimo, donde la preocupación se disuelve cual vapor ante la aurora. Concede a nuestras mentes un refugio en tu sosegada plegaria, donde la fe brota como manantial de aguas cristalinas, y la esperanza es renovada en la aurora divina que se despierta al alba de tu descanso.
Oh amado San José, espejo de la paz que emana del Altísimo, permite que tu ensueño custodio sea el cobijo que nos guía hacia el descanso reparador. Que la quietud de tu descanso sea manto sobre nuestra mente agitada, y que el soplo de tus visiones divinas nos libere del yugo de las inquietudes diarias. Así, dormidos bajo el ala de tus sueños, encontramos la paz que el mundo no puede dar.
Por los siglos de los siglos, Amén.
Salmo 4:8